Finalmente, el gobierno de Estados Unidos reabrió después de 43 días de parálisis gracias a una ley temporal de financiación. A pesar de que el regreso de los trabajadores federales y la reanudación de estadísticas económicas debería haber propulsado inmediatamente a Wall Street, la reacción fue inesperadamente fría: aunque el Dow Jones llegó a su nivel más alto en tiempos recientes, el S&P 500 y el Nasdaq mostraron una tendencia a la baja.
La razón principal es casi quirúrgica: los mercados ya habían anticipado el término del cierre. Los índices se vieron impulsados por el optimismo de un acuerdo inminente en los días anteriores; sin embargo, cuando la noticia se hizo oficial, ya no quedaba mucho por festejar. En realidad, muchos informes enfatizan que el repunte ocurrió antes de la declaración, no después.
La incertidumbre monetaria opacó el alivio político.
A pesar de que el gobierno volvió a funcionar, la economía aún está sujeta a un manto de incertidumbre. La Reserva Federal se quedó sin brújula tras semanas sin datos de inflación y empleo, y ahora se avecina una avalancha de informes pendientes que tiene el potencial de cambiar radicalmente las expectativas acerca de las tasas de interés. Al subir los rendimientos de bonos y ejercer presión sobre las acciones sensibles a tasas, los mercados empezaron a descontar que la Fed podría ser menos flexible de lo que se pensaba.
Paralelamente, el perjuicio económico del shutdown —contratos detenidos, gasto público retrasado, consumo de empleados federales reducido— no se soluciona con una sola firma. Analistas presagian un efecto notable en el crecimiento trimestral, lo que frena cualquier entusiasmo en la bolsa.
Un mercado dividido en dos partes
No todos los sectores se vieron igualmente beneficiados por la reapertura. El Dow subió gracias a las empresas financieras e industriales, pero el Nasdaq cayó significativamente, particularmente en las tecnológicas de rápido crecimiento relacionadas con chips e inteligencia artificial. Esta rotación revela un mercado más selectivo, menos inclinado a realizar apuestas colectivas y defensivo.
Además, se añade el agotamiento político: un cierre que dure tanto tiempo en un año en que ya ha habido una degradación de la calificación crediticia contribuye a la percepción de que podrían ocurrir acontecimientos parecidos. Aunque la crisis inmediata se calma con la reapertura, no se recupera totalmente la confianza en las instituciones.
Desde el punto de vista bursátil, la reapertura del gobierno es una buena noticia… aunque no sea una novedad. El mercado siempre se anticipa, pero ahora se enfoca en algo más significativo: cómo queda la economía después de seis semanas con datos ausentes y qué acciones tomará la Fed cuando, finalmente, disponga del panorama completo.