Según reportes recientes de fuentes como Bloomberg, SpaceX está embarcándose en los preparativos para realizar una oferta pública inicial (IPO), es decir, salir a bolsa, posiblemente a mediados o finales de 2026.
El objetivo de esta operación es recabar más de 30 mil millones de dólares, cifra que de concretarse la colocaría como la salida a bolsa más grande de la historia. Además, los planificadores de la oferta estiman que toda la compañía podría valorarse en torno a los 1.5 billones de dólares.
No obstante, ese calendario no es definitivo: si las condiciones del mercado son adversas, la IPO podría posponerse hasta 2027.
¿Qué motiva este movimiento?
La decisión de cotizar en bolsa obedece a varios factores estratégicos. En primer lugar, el negocio de satélites de la empresa, Starlink, aparece como el motor clave: los ingresos de SpaceX en 2025 se estiman en unos 15 000 millones de dólares, con la proyección de que para 2026 alcancen entre 22 000 y 24 000 millones, impulsados mayormente por Starlink.
Además, parte de los recursos que se obtengan con la IPO se dirigirían al desarrollo de “centros de datos espaciales”, así como a la adquisición de chips especializados para su operación, una apuesta hacia infraestructura digital basada en el espacio.
Por otro lado, aunque en años recientes se especuló con una posible separación de Starlink en una entidad independiente para su propia cotización, los informes actuales sugieren que la salida a bolsa implicaría a toda la empresa, no solo esa división.
¿Cómo funciona el proceso de salida a bolsa en este caso?
Primero, SpaceX y sus asesores tendrán que coordinar una serie de pasos formales: definir cuántas acciones se ofrecerán, en qué bolsas cotizarán, a qué precio y cuál será el porcentaje de la compañía que se “liberará” al público. En este contexto, se ha mencionado que, si vendieran alrededor del 5 % de las acciones, la recaudación total podría llegar hasta 40 mil millones de dólares, una marca sensacional.
Antes de eso, ha habido movimientos previos: SpaceX ha hecho ventas secundarias de acciones como forma de “preparar” su valoración de mercado. Estas operaciones permiten que empleados e inversores tempranos vendan parte de su participación, y además sirven para establecer un “precio de referencia” que ayude a fijar el valor de la empresa antes de la IPO.
Si todo marcha bien, y tras conseguir las aprobaciones regulatorias y completar la documentación requerida, la empresa listará sus acciones en un mercado público, probablemente en alguna de las grandes bolsas de valores de Estados Unidos. A partir de ese momento, inversionistas individuales e institucionales podrán comprar y vender acciones de SpaceX libremente.
¿Qué tan ambicioso sería este IPO?
De concretarse con éxito las metas planteadas, esta operación no solo superaría récords: rivalizaría con la cotización que logró Saudi Aramco en 2019, la mayor hasta ahora, que recaudó unos 29 000 millones de dólares. Pero la diferencia sería enorme: SpaceX busca recaudar más y ofrecer un porcentaje mayor de participación.
Además, con una valoración de 1.5 billones de dólares, SpaceX se convertiría en una de las empresas más valiosas del mundo, poniendo en jaque a competidores en tecnología, energía y telecomunicaciones.
¿Qué sigue ahora y qué hay que observar?
Por ahora, los planes están en fases de negociación y preparación: SpaceX conversa con bancos y asesores financieros, define su estructura de capital y plan de inversión de los fondos. Pero aún no hay un anuncio oficial definitivo: la fecha exacta podría cambiar.
Lo que sí parece claro es que si la IPO ocurre, representaría un hito histórico en la industria espacial privada y financiera global: abriría la puerta a que un público más amplio participe del desarrollo espacial, y podría catapultar a SpaceX a un lugar privilegiado no solo en el espacio, sino en los mercados bursátiles internacionales.