El cobre cerró 2025 como uno de los metales industriales con mejor narrativa del año: transición energética, electrificación, redes eléctricas y, encima, un “shock” de demanda por miedo a aranceles en Estados Unidos. En la Bolsa de Metales de Londres (LME), el precio de referencia llegó a moverse por arriba de los US$12,000 por tonelada en diciembre, con un avance anual de alrededor de 33%–35% según recuentos de mercado, el mayor salto desde 2009.
Detrás del número hay un detalle clave: el mercado no subió de forma “limpia” por consumo final, sino también por logística y anticipación. Reuters reportó que en 2025 hubo una fuerte demanda “récord” ligada al temor de nuevos aranceles en EE. UU., lo que incentivó acopio e importaciones adelantadas; ese metal se fue acumulando en inventarios estadounidenses mientras las existencias disponibles en otros lados se apretaban, amplificando la sensación de escasez regional.
En precios puntuales, el LME mostraba niveles en torno a US$12,222 por tonelada hacia el 30 de diciembre de 2025. En paralelo, el mercado siguió muy sensible a condiciones de operación y a episodios de volatilidad: en la última semana de diciembre se vio corrección fuerte en metales por ajustes de márgenes en derivados, recordando que la subida también atrajo posicionamiento especulativo.
La foto de oferta y demanda: 2025 con superávit, 2026 con déficit
Si lo miramos desde balance puro, 2025 no fue necesariamente un año de déficit estructural inmediato. El International Copper Study Group (ICSG) recortó su visión de superávit para 2025, pero todavía lo colocó en torno a 178,000 toneladas de cobre refinado, mientras que para 2026 proyectó un giro a déficit de alrededor de 150,000 toneladas.
Este cambio de signo importa porque marca la transición de un mercado que todavía alcanzaba en agregado hacia uno donde el crecimiento del consumo vuelve a superar a la oferta refinada. En el mismo marco, el ICSG destacó que China concentra alrededor de 58% del uso global de cobre refinado, así que cualquier enfriamiento o estímulo ahí se refleja en precio casi de inmediato.
Expectativas para 2026
Para 2026, el mercado llega con dos lecturas que chocan, y esa fricción es justo donde nace la volatilidad.
Por un lado, Goldman Sachs espera que el cobre baje un poco desde máximos, con el LME moviéndose en un rango de US$10,000–US$11,000 por tonelada y un promedio de US$10,710 en la primera mitad de 2026, argumentando que un superávit global de oferta evita sostener precios por encima de US$11,000 durante mucho tiempo, aun con demanda fuerte por redes eléctricas, infraestructura y sectores estratégicos, incluida la inversión relacionada con IA.
En contraste, J.P. Morgan Global Research planteó un escenario más agresivo en el corto plazo de 2026 tras disrupciones de oferta, con un promedio que podría escalar hacia US$12,500 por tonelada en el segundo trimestre de 2026.
El “punto medio” razonable para muchos inversionistas es este: aún si hay enfriamiento desde picos, el piso luce más alto que en ciclos anteriores porque la inversión en capacidad minera y de fundición tarda años, mientras que la electrificación (redes, data centers, vehículos eléctricos) empuja demanda de manera persistente. Esa tensión es exactamente la historia que el precio empezó a descontar en 2025.
Factores de riesgo para 2026: lo que puede romper la tesis o inflarla más
El primer riesgo es político-comercial. Si el rally de 2025 se alimentó en parte por compras adelantadas ante posibles aranceles, el desenlace puede jugar en contra: si los aranceles se moderan o se administran con excepciones amplias, parte de la demanda se habrá “robado” del futuro y 2026 podría ver des-stockeo (consumir inventarios en vez de comprar más). Reuters lo describe como un factor que podría revertirse en 2026 si los inventarios acumulados empiezan a drenarse.
El segundo riesgo es China. Goldman habló de una caída estimada de la demanda china de cobre refinado de alrededor de -8% interanual en el cuarto trimestre de 2025, sugiriendo que el impulso por estímulos y compras adelantadas se fue apagando. Si ese enfriamiento se extiende, la elasticidad del precio puede ser brutal, porque China es la mayor fuente de consumo.
El tercer riesgo es macro: tasas reales, dólar y crecimiento global. Un dólar más fuerte y tasas altas suelen pesar en commodities; además, una desaceleración industrial global recorta demanda de cobre más rápido de lo que la oferta puede ajustarse.
Y el cuarto riesgo (el que sostiene el lado alcista) es el de oferta: accidentes, interrupciones, menor ley minera y cuellos de botella en concentrados/refinado. El propio ajuste del ICSG hacia déficit 2026 vino acompañado de la idea de “crecimiento de producción más lento” y disponibilidad más ajustada.
Cómo invertir en cobre
Invertir en cobre no es solo “comprar cobre”: casi siempre es tomar exposición a precio mediante derivados o a utilidades mediante empresas mineras.
La forma más directa en mercados bursátiles suele ser un ETF/ETP ligado a futuros. Un ejemplo es United States Copper Index Fund (ticker CPER), diseñado para reflejar el desempeño de una cartera de futuros de cobre diversificada por vencimientos (no es cobre físico; es exposición vía futuros). La ventaja es que se parece más al movimiento del commodity.
Otra vía es invertir en mineras (o en un ETF de mineras), que mezcla el precio del cobre con ejecución corporativa: costos, deuda, permisos, riesgos operativos y disciplina de capital. Un referente muy usado es Global X Copper Miners ETF (COPX), que agrupa productoras y desarrolladoras; hacia el 29 de diciembre de 2025 reportaba un TER de 0.65% y activos netos relevantes para su categoría. Esta ruta puede rendir más que el cobre cuando el ciclo es alcista, pero también puede caer aunque el metal suba si hay problemas de operación, impuestos o conflictos laborales.
En todos los casos, el punto práctico es el mismo: el cobre puede moverse 3%–5% en sesiones volátiles, y el apalancamiento (directo o implícito) puede convertir una buena tesis en una mala experiencia. Para un portafolio, suele funcionar mejor como exposición acotada, con horizonte y tolerancia al riesgo claros, que como apuesta “todo o nada”. Esto no es recomendación personalizada, solo una guía informativa basada en instrumentos públicos.