¿Nueva amenaza nuclear entre EE.UU. y Rusia?

El último gran acuerdo bilateral que limitaba legalmente el tamaño de sus arsenales nucleares ha finalizado hoy
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Hoy expiró oficialmente el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (New START) entre Rusia y Estados Unidos, el último gran acuerdo bilateral que limitaba legalmente el tamaño de sus arsenales nucleares y establecía mecanismos de inspección mutua que, durante más de una década, contribuyeron a sostener un cierto nivel de estabilidad estratégica entre las dos potencias atómicas.

Firmado en 2010 y entrado en vigor en 2011, este tratado, que reducía y acotaba a 1,550 el número de ojivas nucleares desplegadas por cada país, había sido uno de los pilares del régimen internacional de control de armas que sobrevivió, con altibajos, a la posguerra fría y conflictos posteriores. Su expiración ocurre en un contexto geopolítico volátil, marcado por tensiones entre Occidente y Moscú desde la invasión rusa de Ucrania en 2022 y un aumento general en la retórica y el desarrollo de sistemas de armas avanzados.

El riesgo palpable de una nueva carrera armamentista

La caída del New START quita explícitamente cualquier obligación legal de limitar o inspeccionar las fuerzas nucleares estratégicas de Estados Unidos y Rusia por primera vez en más de cinco décadas. Analistas y líderes internacionales han advertido que la ausencia de límites verificables podría abrir la puerta a una competencia renovada en la construcción de armamento nuclear y a un deterioro de la transparencia que reducía el margen de error y la desconfianza entre estas potencias.

Organizaciones de seguridad global y expertos han señalado que el riesgo de proliferación nuclear, es decir, que otras naciones reconsideren su postura respecto al desarrollo de armamento atómico, podría crecer sensiblemente. Algunas fuentes incluso señalan que aliados tradicionales de Estados Unidos podrían replantearse estrategias de disuasión nuclear ante la pérdida de un paraguas de seguridad claramente definido.

Además, este panorama se complica con el ascenso de otros estados poseedores de armas nucleares, como China, cuyo arsenal ha estado en expansión y que se ha negado a incorporarse a conversaciones multilaterales para limitar estratégicamente estos sistemas.

Implicaciones en los mercados financieros

Un mundo percibido como más inestable desde el punto de vista geopolítico suele traducirse en una mayor aversión al riesgo por parte de los inversionistas. En los mercados bursátiles globales, eso puede manifestarse en volatilidad, retrocesos en sectores considerados “riesgosos” como tecnología, consumo discrecional o activos de mercados emergentes. y un desplazamiento de capital hacia activos refugio como bonos gubernamentales de países seguros o el oro.

De manera más específica, las tensiones militares y el riesgo de rearme tienden a favorecer a las empresas del sector de defensa y armamento, dado que la demanda por sistemas de seguridad y capacidades militares suele crecer cuando los gobiernos aumentan su gasto militar. Grandes contratistas de defensa con presencia en bolsas como la NYSE o el NASDAQ podrían ver un impulso en sus valoraciones si se concreta un aumento sostenido en los presupuestos de defensa de Estados Unidos, sus aliados o incluso países en Asia y Europa que busquen reforzar sus arsenales ante un entorno estratégico más competitivo.

Empresas con líneas de negocio en misiles, sistemas de defensa aérea, equipamiento militar avanzado o servicios de soporte logístico para fuerzas armadas pueden experimentar un mejor desempeño relativo en este tipo de escenarios, al ganar contratos gubernamentales significativos en respuesta al clima de inseguridad global.

Una amenaza para la paz y la cooperación internacional

Más allá de la correlación en bolsas y posibles beneficios empresariales en el sector militar, la expiración de este tratado representa una amenaza real para el régimen global de no proliferación nuclear. Líderes como el secretario general de Naciones Unidas han advertido que este momento marca un punto crítico, quizá uno de los más peligrosos de las últimas décadas, porque elimina un marco que había ayudado a contener, aunque imperfectamente, la acumulación y expansión de los arsenales nucleares estratégicos.

Estos temores se amplifican cuando se considera que, sin mecanismos robustos de inspección y confianza mutua, fallas de comunicación, malentendidos o acciones unilaterales pueden escalar rápidamente en un contexto donde cada potencia interpreta las intenciones del otro con más escepticismo.