Este 23 de febrero el peso mexicano arrancó la jornada con el pie izquierdo. Después de varios días relativamente estables, el tipo de cambio volvió a moverse y el dólar se colocó en un rango aproximado de 17.20 a 17.50 pesos en ventanillas, mientras que en el mercado interbancario ronda entre 17.27 pesos por unidad.
No se trata de un desplome abrupto, pero sí de una depreciación que refleja algo muy claro: el mercado está incómodo. Cuando eso pasa, el peso, como buena moneda emergente, suele ser de las primeras en resentirlo.
El factor seguridad: cómo influye lo que pasó el fin de semana
Uno de los elementos que pesaron en el ánimo de los inversionistas fueron los hechos de seguridad registrados durante el fin de semana. Cada vez que ocurren eventos de alto impacto, la percepción de riesgo sobre el país cambia, aunque sea de manera temporal.
Es importante decirlo: este tipo de noticias no modifica de un día para otro los fundamentales económicos de México. No altera mágicamente la inflación, ni las reservas internacionales, ni el nivel de deuda pública. Pero sí afecta algo igual de importante en el corto plazo: la confianza.
Y los mercados financieros se mueven, muchas veces, más por percepción que por datos duros. Cuando se combinan noticias internas delicadas con un entorno internacional frágil, el tipo de cambio se convierte en el primer termómetro del nerviosismo.
El contexto internacional tampoco ayuda..
El peso no solo está lidiando con factores internos. Afuera, el panorama sigue cargado.
Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China han vuelto a escalar, con nuevas restricciones en minerales estratégicos y advertencias de aranceles más agresivos. Cada vez que las dos mayores economías del mundo elevan el tono, los mercados reaccionan con cautela.
Además, el sector financiero internacional ha mostrado señales de debilidad. En jornadas recientes, el índice financiero del S&P 500 cayó alrededor de 2.4 %, mientras que bancos europeos registraron retrocesos promedio de hasta 3 %. Cuando los bancos tiemblan, los inversionistas suelen refugiarse en activos más seguros.
El oro es una prueba clara de ese movimiento. El metal ha superado los 4,000 dólares por onza y recientemente se ubicó cerca de 4,105 dólares, con alzas diarias superiores al 2%. Eso es señal de búsqueda de protección. Y cuando el dinero busca refugio, el dólar también se fortalece.
Tasas de interés y movimientos técnicos
Otro elemento que influye es la expectativa sobre la Reserva Federal. Aunque el mercado espera recortes de tasas este año, cualquier señal de que podrían retrasarse fortalece al dólar. Si la brecha de tasas entre México y Estados Unidos se reduce, el atractivo del peso para estrategias de carry trade disminuye.
También hay factores más técnicos. A finales de mes, muchos fondos ajustan posiciones y rebalancean portafolios. Esos movimientos pueden generar presión cambiaria sin que necesariamente exista un problema estructural detrás.
En paralelo, el Fondo Monetario Internacional elevó su estimación de crecimiento global a 3.2 % para 2025, pero advirtió que una escalada comercial podría restar hasta 1.2 puntos porcentuales al PIB mundial en 2026. Es decir, el riesgo sigue latente y eso mantiene a los mercados en modo defensivo.