Así fue la apertura de los Oscar 2026 con Conan O’Brien: un arranque raro, ágil y bastante más vivo de lo habitual

Conan O'Brien

La 98ª edición de los Oscar abrió este 15 de marzo de 2026 en el Dolby Theatre de Los Ángeles, con Conan O’Brien de regreso como anfitrión y, desde el primer minuto, quedó claro que la ceremonia quería entrar por un carril menos tieso y más juguetón. La apertura no arrancó con solemnidad, sino con un sketch de parodia cinematográfica que lo metió en el universo de varias nominadas antes de llevarlo al escenario.

Lo relevante aquí es que la Academia repitió con Conan porque el experimento ya les había funcionado, pero esta vez el arranque se sintió todavía más calculado: más espectáculo, más referencias a la cultura pop del momento y un monólogo que quiso picar a Hollywood sin ponerse demasiado pesado. En esta nota va lo que sí quedó confirmado sobre esa apertura, qué tono marcó para el resto de la noche y por qué, si me preguntas, esa primera impresión importa más de lo que parece.

Una apertura que prefirió el absurdo antes que la solemnidad

La ceremonia comenzó oficialmente a las 5:00 p.m. y, antes del discurso de Conan, entró un segmento grabado con estética de parodia. Distintos seguimientos en vivo coinciden en que O’Brien apareció caracterizado al estilo de Amy Madigan en Weapons, y que el sketch lo fue cruzando por referencias a otras películas de la temporada, incluido el universo de KPop Demon Hunters y el juke joint de Sinners, hasta desembocar en el escenario principal.

A mí esto me suena a una decisión bastante consciente: si la temporada 2026 venía cargada de tensión industrial, debates sobre inteligencia artificial y hasta seguridad reforzada alrededor del evento, abrir con un delirio autoconsciente era una forma de bajarle dos rayitas a la solemnidad sin fingir que nada pasa. Reuters ya había reportado el ambiente extraño con el que llegaba la gala, y esa atmósfera hizo que la ligereza del arranque se sintiera menos frívola y más estratégica.

El sketch sí fue una carta de intenciones

No fue solo un chiste aislado. La apertura dejó ver una idea clara: estos Oscar querían ser más “show” sin renunciar al comentario sobre la propia industria. El hecho de que Conan recorriera espacios ligados a varias contendientes de la noche convirtió el opening en una especie de resumen juguetón de la temporada, en vez de limitarse al clásico anfitrión que sale, sonríe y lanza dos bromas de trámite.

La clave está en que el sketch no intentó verse elegante. Apostó por lo raro, lo teatral y lo ligeramente ridículo. Y eso, en una gala que muchas veces confunde prestigio con rigidez, ya es ganancia.

El monólogo de Conan O’Brien: pullas a Hollywood, IA y Timothée Chalamet

Después del segmento grabado, Conan pasó al monólogo de apertura. Las coberturas en vivo coinciden en varios blancos: la inteligencia artificial, Netflix, el sistema de salud, Hollywood en general y Timothée Chalamet, a quien le soltó una broma ligada a la polémica reciente por sus comentarios sobre ballet y ópera.

Ese detalle con Chalamet no fue menor, porque amarró el monólogo al ciclo de conversación previo a la gala. Conan no apareció desconectado de lo que se venía comentando en redes, entrevistas y cobertura de premios. Eso hace que el opening se sienta vivo, no reciclado de una libreta vieja de late night. Y ojo con esto: no necesitó volverse incendiario para tener filo. Días antes, el propio O’Brien había dicho que buscaba un humor agudo sin irse por la ruta del enojo político. Lo que se vio en la apertura fue bastante consistente con esa promesa.

Un tono menos “importante” y más efectivo

Si me preguntas, la mejor decisión del opening fue no intentar vendernos una noche histórica desde el segundo uno. La apertura no fingió trascendencia; la fue construyendo sobre la marcha. Primero la rareza del sketch, luego el monólogo con golpes repartidos, y después el resto del show.

Varios seguimientos en vivo la leyeron como una apertura con energía, humor y una vibra más popular que la de otros años. No significa que todo el mundo vaya a coincidir, pero sí que el arranque logró algo que la ceremonia necesita con urgencia cada vez más seguido: dar conversación desde el primer bloque.