Consumo de diésel en México se dispara 22.2%: lo que hay detrás del salto y qué significa para tus precios

El consumo aparente de diésel alcanzó un récord de 459 mil barriles diarios entre enero y agosto. Por qué no significa que el país mueva 22% más carga y cómo se relaciona con el precio de alimentos y mercancías.

México vende hoy más diésel que en cualquier otro momento de la última década. Pero el dato, que a primera vista sugiere un auge del transporte y la industria, tiene una lectura más compleja: buena parte del salto parece explicarse por combustible que antes circulaba por fuera de las cifras oficiales y que ahora entró al mercado legal.

Qué dicen las cifras oficiales

De enero a agosto de 2026, el consumo aparente de diésel en México creció 22.2% anual hasta un récord de 459.2 miles de barriles diarios, según cifras de la Secretaría de Energía (Sener). Se trata del mayor salto interanual de la última década, si se excluye el rebote técnico de 23.5% de 2022 tras la reactivación de la movilidad posterior a la pandemia.

Para entender el dato hay que saber cómo se mide. El consumo aparente resulta de sumar la producción nacional y las importaciones, y restar las exportaciones. Es decir, no mide cuánto diésel queman los camiones, sino cuánto combustible entra al mercado por canales registrados.

Primera explicación: el huachicol fiscal sale de las sombras

Durante años, una parte importante del diésel que se usaba en México entraba de contrabando, declarado con fracciones arancelarias falsas para evadir impuestos, y por lo tanto no aparecía en la estadística. El Observatorio Ciudadano de la Energía (OCE) estima que de 2018 a la fecha ingresaron al país 144 millones de barriles de diésel de manera ilegal.

Según ese mismo organismo, las medidas del gobierno federal tras la captura del buque Challenge Procyon en el puerto de Tampico en marzo de 2025 permitieron reducir el volumen de huachicol fiscal, y en julio de 2026 prácticamente desapareció debido a la aplicación de un IEPS negativo por parte de Hacienda para mantener el precio del diésel topado en 27 pesos por litro. Con un precio legal tan bajo, el contrabando dejó de ser negocio.

El OCE ya lo había advertido antes: si se toma en cuenta el contrabando desde Estados Unidos, el consumo de diésel en los últimos cuatro años habría crecido a una tasa anual de apenas 1.2%. Dicho de otro modo, buena parte del 22.2% sería diésel que ya se consumía, pero que ahora sí se registra.

Segunda explicación: Pemex produce más

El otro lado del fenómeno es la producción nacional. Alrededor de siete de cada 10 barriles que se consumen en el país, según cifras oficiales, fueron vendidos por la petrolera estatal, cuya producción de diésel también batió récord. La refinería Dos Bocas lideró la producción local, con 32.2% del diésel elaborado en México, seguida de Salina Cruz, Cadereyta y Tula.

En contraste, las importaciones apenas crecieron 1.4% a 181 mil barriles diarios, con lo que su participación de mercado bajó de 46.7% a 39.3% entre 2025 y 2026. Aun así, la dependencia externa sigue siendo alta: Estados Unidos abastece el 98% de las compras de diésel al exterior, lo que deja al país expuesto a sus precios y a cualquier restricción de suministro.

¿Y el transporte y la industria?

Aquí está el contraste clave. Si el salto del diésel reflejara solo mayor actividad económica, la industria y el transporte de carga tendrían que haber crecido a un ritmo parecido, y no fue así. Entre enero y agosto de 2026, la actividad industrial acumuló un crecimiento de apenas 0.8% frente al mismo periodo del año anterior, y las manufacturas acumularon una contracción de 0.3% en ese lapso.

Hay señales de repunte reciente: en agosto la actividad industrial creció 3.6% anual, impulsada por la construcción, y la obra de ingeniería civil, gran usuaria de maquinaria a diésel, avanzó 17.6%. Estos sectores sí suman demanda real, pero su crecimiento está muy lejos de explicar por sí solo un alza de 22% en el combustible.

Por qué importa para el precio de alimentos y mercancías

El diésel es el combustible del transporte de carga, y un incremento en su precio puede trasladarse rápidamente al costo de mover alimentos, ropa y mercancías. Para los transportistas pesa cada vez más: la Canacar ubicaba históricamente al diésel entre 40% y 45% de sus costos operativos y en 2026 señala que ya supera el 50%.

Por ahora, el precio en bomba está contenido. El diésel se vende alrededor de 27 pesos por litro gracias a un acuerdo voluntario con gasolineros y a estímulos fiscales; sin embargo, ese pacto no es un precio máximo obligatorio decretado por el gobierno. Sin el estímulo, el litro andaría cerca de 34.40 pesos.

Ese apoyo tiene un costo: Hacienda informó que entre enero y agosto la recaudación del IEPS de gasolinas y diésel cayó 5% real anual. Mientras se mantenga, protege los fletes y, por esa vía, el precio de los productos en anaquel. Si se retira de golpe con el petróleo caro, el ajuste llegaría primero al transporte y después a los consumidores.

Lo que sigue

El mayor consumo registrado es, en parte, una buena noticia fiscal: más combustible paga impuestos y pasa por canales legales. El reto será sostenerlo sin que el subsidio se vuelva insostenible y sin que el contrabando regrese si el precio sube. Los próximos datos de la Sener y la evolución del estímulo semanal de Hacienda dirán si el récord es un cambio de fondo o un efecto temporal.

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