Chevron cerró el cuarto trimestre de 2025 con un resultado que, sin ser brillante, fue suficiente para calmar a Wall Street. La ganancia ajustada fue de 1.52 dólares por acción, por encima de lo que esperaba el consenso (alrededor de 1.45), aunque por debajo de los 2.06 dólares del mismo periodo del año anterior. Los ingresos cayeron cerca de 10% anual a 46,870 millones de dólares, en un entorno donde el precio del crudo fue claramente menos favorable que en 2024.
El mercado leyó el reporte como “defensivo pero sólido”. En la sesión posterior al anuncio, la acción reaccionó con un avance moderado (alrededor de 0.9%), apoyada también por una señal que suele importar más que cualquier frase del CEO: más efectivo directo al accionista.
El mensaje a inversionistas: dividendos primero, y disciplina con el gasto
Chevron anunció un aumento de 4% en su dividendo trimestral hasta 1.78 dólares por acción. En un contexto de tasas todavía altas y volatilidad en commodities, ese tipo de decisión funciona como “ancla”: le dice al inversionista que la empresa cree que puede sostener pagos incluso si el crudo se mueve en contra.
La compañía también recalcó que, pese al ruido geopolítico, no está en modo “gastar por gastar. Para 2026, planteó un rango de gasto de capital de 18,000 a 19,000 millones de dólares. Ese número es clave porque es lo que el mercado usa para estimar cuánto flujo libre queda para dividendos y recompras.
Y el otro dato duro que terminó de redondear el relato fue la escala: la producción total del trimestre rondó los 4.0 millones de barriles de petróleo equivalente por día, con un crecimiento anual de doble dígito, empujado por activos internacionales y operaciones en EE. UU.
Venezuela vuelve al centro: un “upside” grande, pero con freno de mano
El tema que más preguntas despierta hacia adelante es Venezuela. Chevron es hoy el único gran productor estadounidense con operación activa allí y reporta alrededor de 250,000 barriles de petróleo equivalente por día en el país. En su guía y comentarios, dejó abierta la puerta a crecer alrededor de 50% en un horizonte de 18 a 24 meses, pero con una condición que no es menor: dependerá de autorizaciones adicionales del gobierno de EE. UU.
El timing político, además, se está moviendo. El 29 de enero de 2026, el gobierno de Trump flexibilizó parcialmente sanciones para facilitar compras, transporte, almacenamiento, refinación y venta de crudo de origen venezolano por empresas estadounidenses, aunque manteniendo límites relevantes (por ejemplo, sin abrir la puerta a ciertos mecanismos de pago y excluyendo entidades de países como China y Rusia). En paralelo, se habló de un acuerdo preliminar para colocar 50 millones de barriles vía traders como Vitol y Trafigura.
En la práctica, esto se traduce en una expectativa concreta de flujos: Chevron planea aumentar exportaciones de crudo venezolano hacia EE. UU. hasta alrededor de 300,000 barriles diarios en marzo, desde unos 100,000 en diciembre y cerca de 230,000 en enero, según fuentes con conocimiento de los planes. Para inversionistas, ese tipo de cifra es oro puro porque convierte la geopolítica en algo modelable en Excel.
Qué está descontando el mercado: crecimiento sí, pero el “premio” depende de la estabilidad
El optimismo no es ingenuo. La tesis positiva es clara: Venezuela puede aportar barriles relativamente rápidos si se invierte en reparar infraestructura y destrabar cuellos de botella, y Chevron ya está “adentro”, con experiencia operativa.
Pero la parte que contiene el entusiasmo es igual de importante: la empresa ha insistido en que no financiará una apuesta grande y abierta en el país; la línea es mejorar producción desde lo existente y mantener disciplina, porque el riesgo político y regulatorio sigue siendo alto y la historia de expropiaciones pesa. En otras palabras, el mercado ve a Venezuela como una opción (un upside), no como el nuevo motor principal de valuación.
Bajo ese marco, las expectativas de inversionistas para 2026 se están acomodando alrededor de tres variables duras: que Chevron cumpla su proyección de crecimiento de producción total de 7% a 10% en 2026 (impulsado también por Guyana, Golfo de México y otros activos), que sostenga retornos vía dividendos/recompras sin ahogar el balance, y que la “ventana Venezuela” no se cierre por un giro político o por límites operativos.
Lo que viene: un 2026 con dos frentes de riesgo
En el corto plazo, Chevron ya advirtió impactos en el primer trimestre por mantenimientos y eventos operativos (incluyendo trabajos en Tengiz, además de interrupciones puntuales), algo que puede hacer que el arranque de año se vea más flojo aunque la película anual se mantenga.
Y hacia adelante, el dilema para el mercado será evaluar qué pesa más: el colchón financiero de una petrolera que sigue devolviendo efectivo al accionista, o la volatilidad de un tablero donde Venezuela puede sumar barriles y caja… pero también titulares que cambian el partido en una semana.