El ajuste va de uno a cinco pesos y alcanza refrescos, aguas y bebidas saborizadas en todo el país.
Un aumento que ya está en el mostrador
Desde el martes 4 de agosto, las listas de precios que llegaron a tiendas de abarrotes y pequeños comercios traen incrementos de entre uno y cinco pesos en buena parte del portafolio de Coca-Cola en México.
La embotelladora confirmó el ajuste y lo explicó por el encarecimiento de los insumos que usa para producir sus bebidas. El alza no se limita al refresco tradicional.
Alcanza presentaciones retornables y no retornables, latas, versiones sin azúcar, aguas embotelladas y bebidas saborizadas. Es decir, casi todo lo que la marca vende en el país.
Así quedaron algunas presentaciones.
Estos son algunos de los cambios que ya se aplican en punto de venta:
- Retornable de 250 ml: De 12 a 14 pesos.
- Lata de 355 ml: De 22 a 23 pesos.
- Sin Azúcar de 600 ml: De 18 a 20 pesos.
- Retornable de 2 litros: De 36 a 38 pesos.
- Retornable de 2.25 litros: De 46 a 49 pesos.
- Presentación de 3 litros: De 50 a 52 pesos.

¿Qué hay detrás del ajuste?
La empresa señaló tres presiones simultáneas: El aumento del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios, la inflación acumulada y el debilitamiento del consumo en México durante 2026.
En la conferencia con analistas bursátiles, la dirección de la embotelladora explicó que trasladó al consumidor alrededor del 85 por ciento del impacto de impuestos y costos, para no perder presencia en los hogares.
También adelantó que los ajustes de precios continuarán durante agosto, como parte de la estrategia para cerrar la brecha entre lo que cuesta producir y lo que se cobra en el anaquel.
Lo que significa para tu gasto mensual.
El cálculo es sencillo y por eso duele. Quien compra una botella de 600 ml sin azúcar todos los días pasa de gastar alrededor de 540 pesos al mes a cerca de 600 pesos, unos 720 pesos adicionales al año.
Para la tiendita de la esquina el golpe es doble: Paga más caro el inventario y tiene menos margen para absorber el aumento sin espantar al cliente.
En un año en el que la inflación general ya se moderó pero el consumo de los hogares crece con freno, este tipo de ajustes se sienten primero en el gasto hormiga, ese que nadie presupuesta pero que se acumula peso sobre peso.