El sector defensa arrancó 2026 con un rally claro en los mercados, impulsado por una señal política muy concreta: el presidente Donald Trump planteó que el presupuesto militar de Estados Unidos para 2027 debería subir a 1.5 billones de dólares, muy por encima del nivel aprobado por el Congreso para 2026, que se reporta en 901 mil millones.
La reacción fue inmediata. En Wall Street, el índice amplio de aeroespacial y defensa subió hasta marcar máximo histórico, con alzas fuertes en los grandes contratistas. RTX avanzó alrededor de 4.4%, Lockheed Martin cerca de 8%, Northrop Grumman alrededor de 9.5% y Kratos Defense se disparó alrededor de 16.4% en la sesión reportada por Reuters.
Los datos duros: qué tan grande es el incremento frente a años anteriores
Para dimensionar el tamaño del mensaje, conviene ponerlo en perspectiva de los últimos ciclos presupuestales.
En el terreno “cap” de defensa de 2025, un documento de Congressional Research Service (CRS) ubica la cifra de referencia en torno a 895.2 mil millones de dólares para actividades discrecionales del “national defense budget function” (función presupuestaria de defensa nacional) como nivel consistente con el tope de gasto de ese año.
Para 2026, la misma conversación ya venía cargada: el documento de la Casa Blanca sobre la solicitud presupuestaria discrecional para FY2026 habla de un aumento para defensa de 13%, hasta 1.01 billones de dólares.
Y ahora viene el golpe mediático-político: Trump empuja públicamente un objetivo de 1.5 billones para 2027, lo que implica un salto enorme contra el 2026 aprobado que es de 901 mil millones. En términos simples, pasar de 901 a 1,500 mil millones es un incremento de 599 mil millones, equivalente a aproximadamente 66.5%.
Ese tamaño no es un ajuste marginal: es una señal que, en mercados, suele traducirse en expectativa de más contratos, mayor cartera de pedidos y mejores perspectivas de flujo para proveedores y subcontratistas.
¿Por qué el mercado compró la historia tan rápido?
Hay dos elementos que explican el salto bursátil.
El primero es el “titular” en sí: cuando el presidente plantea una cifra tan alta, el mercado tiende a anticipar que, aunque no se apruebe completa, sí puede traducirse en un piso más alto de gasto y en prioridad política para acelerar programas, compras y entregas.
El segundo es el contexto: El movimiento en defensa ocurre incluso mientras el resto del mercado se veía presionado por caídas de grandes tecnológicas, lo que volvió más visible el flujo hacia defensa como sector “ganador del día”.
¿Qué podemos esperar para la industria en 2026–2027?
La consecuencia más probable, si el debate presupuestal se encamina a alzas sustanciales, es que el dinero adicional busque dos objetivos: acelerar inventarios y capacidad industrial, y fortalecer áreas donde EE. UU. siente presión geopolítica. Podemos vincular el repunte del sector con el llamado explícito a elevar el presupuesto y con la idea de acelerar producción, tema que ya venía sobre la mesa.
En la práctica, eso suele favorecer segmentos como misiles y defensas aéreas, drones y sistemas autónomos, comunicaciones y electrónica de defensa, espacio y vigilancia, y construcción/modernización naval, porque son rubros donde el cuello de botella es precisamente la capacidad de producción y la cadena de suministro.
Eso sí, el mercado también está leyendo un matiz: Cualquier aumento así requiere autorización del Congreso, y que el tema puede abrir debate fiscal y de deuda. En otras palabras, el “trade” puede seguir si el Congreso acompaña, pero la volatilidad no desaparece.
Las compañías más beneficiadas: ganadores inmediatos y los que pueden capturar más contratos
En la reacción bursátil inmediata, los nombres que el mercado premió fueron los clásicos “prime contractors” y algunos jugadores más pequeños.
Diversos medios reportaron alzas destacadas en RTX, Lockheed Martin, Northrop Grumman y Kratos Defense, con el índice sectorial marcando récord.
Además, Investopedia mencionó avances fuertes también en L3Harris, General Dynamics y Huntington Ingalls, que tienden a beneficiarse cuando el énfasis es mayor producción, modernización y programas de gran escala.
La lectura de “quién gana más” suele dividirse así: los grandes integradores capturan los contratos madre, y los especialistas capturan las olas de aceleración en drones, sistemas tácticos y electrónica.