La estrategia económica de la FIFA, denominada FIFA Forward Enterprise (FFE), contempla las siguientes medidas comerciales:
- Nueva filial comercial: El organismo rector planea constituir una empresa independiente valorada en 20,000 millones de dólares para gestionar de forma exclusiva los derechos de transmisión televisiva, patrocinios y licencias del Mundial masculino, femenino y el Mundial de Clubes.
- Venta de acciones: La FIFA planea vender una participación aproximada del 21% al 25% a un grupo de fondos privados.
- El comprador principal: El grupo inversor estadounidense Thrive Eternal, liderado por Joshua Kushner (hermano del yerno de Donald Trump, Jared Kushner), se perfila para liderar la inyección de capital de corto plazo, asesorados financieramente por el banco JPMorgan.
- Control deportivo intacto: La FIFA asegura que los inversores externos no tendrán voz operativa en el Consejo ni influirán en el reglamento del juego, limitándose únicamente a recaudar los dividendos económicos de las competiciones.
La oferta a las federaciones y el rechazo continental
Para asegurar la aprobación de la propuesta, la cual requiere la votación mayoritaria de las 211 asociaciones nacionales miembro de la FIFA, Gianni Infantino lanzó una agresiva oferta económica. El plan promete duplicar el financiamiento básico para el desarrollo del fútbol de 10 millones a 20 millones de dólares anuales por federación para el ciclo 2027-2030, además de un bono directo inmediato de 20 millones por aceptar la venta antes del plazo del 19 de septiembre.
Si bien esta inyección multimillonaria resulta atractiva para decenas de países pequeños en África, Asia y Centroamérica que carecen de recursos propios, las potencias tradicionales han manifestado un rechazo absoluto.
A través de un comunicado emitido por la UEFA, la federación europea sentenció que “el fútbol no le pertenece a la FIFA y no está a la venta”, argumentando que abrir la Copa del Mundo a fondos buitre o firmas de capital privado destruirá la esencia democrática de la competición. Dirigentes políticos de peso, como el Primer Ministro británico Andy Burnham, también fustigaron públicamente el plan calificándolo como una “venta de la identidad misma del deporte”.
Riesgos inminentes para el aficionado
Expertos en economía deportiva y colectivos internacionales de aficionados han advertido sobre las consecuencias directas que acarrearía la entrada de capital privado al Mundial:
- Entradas más costosas: Los fondos de inversión buscarán rentabilidad inmediata, lo que presionaría un incremento desmedido en el costo de los boletos para los partidos de fútbol.
- Saturación del calendario: Crecería la presión comercial para expandir el formato del Mundial permanentemente a 64 selecciones o disputarlo cada dos años para multiplicar las ganancias por derechos televisivos.
- Sedes geográficamente sesgadas: Las Copas del Mundo podrían dejar de rotar democráticamente por los continentes para celebrarse únicamente en mercados hiper-lucrativos como los Estados Unidos o los estados del Golfo Pérsico.