México firmará un acuerdo con la Unión Europea para modernizar su tratado comercial con más de dos décadas de vigencia, con el cual proyecta aumentar 50% las exportaciones hacia 2030, al pasar de 23,800 millones de dólares anuales a 36,100 millones de dólares. Las autoridades formalizarán este pacto el próximo 22 de mayo en la Ciudad de México, durante la primera cumbre bilateral de alto nivel en once años, con la participación directa de la presidenta Claudia Sheinbaum, la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen y el presidente del Consejo Europeo António Costa. El tratado original entre México y la UE tiene 26 años de vigencia, entró en vigor en julio de 2000 y nunca había sido actualizado de forma sustancial. Esta modernización es la negociación comercial más ambiciosa de México fuera del T-MEC, y llega en el momento estratégicamente más oportuno del año: tres días antes de que arranquen las negociaciones formales del T-MEC con EE. UU. el 25 de mayo.
¿Qué cambia concretamente con el nuevo acuerdo?
Entre sus principales objetivos se encuentra eliminar gran parte de los aranceles restantes, ampliar el acceso a mercados de contratación pública y abrir mayores oportunidades en servicios e inversión. Más de 45,000 empresas europeas se verán beneficiadas con acceso al mercado mexicano en mejores condiciones comerciales. Del lado mexicano, los sectores con mayor potencial inmediato son los agroalimentarios. En una primera fase se anticipa un impacto inmediato en agroalimentos como carne, aguacate, berries, tequila y mezcal, derivado de un mayor acceso al mercado europeo. El tratado protege además 568 indicaciones geográficas, lo que prohíbe legalmente la venta de imitaciones de productos icónicos europeos en México y de productos mexicanos en Europa. Para los productores de mezcal oaxaqueño, café chiapaneco o aguacate michoacano, eso no es solo un detalle jurídico: es protección real contra falsificaciones en un mercado de 450 millones de consumidores.
¿Por qué el timing con el T-MEC no es casualidad?
La firma con la UE ocurre en víspera del inicio de las negociaciones formales del T-MEC, que arrancan el 27 de mayo. La lógica negociadora es evidente: México llega a la mesa con EE. UU. con una alternativa real firmada. Si Washington endurece demasiado sus condiciones en la revisión del T-MEC, México puede señalar que tiene acceso garantizado a un mercado de 450 millones de personas en Europa. No es una amenaza, pero sí un cambio en la correlación de fuerzas respecto a negociaciones anteriores. Europa ya es la segunda fuente de inversión extranjera en México, con más de 13,500 empresas operando en el país. El acuerdo busca atraer más inversión en sectores estratégicos como la industria automotriz y la manufactura. Para la calificadora S&P, que la semana pasada puso en perspectiva negativa la calificación de México por bajo crecimiento e inversión débil, el acuerdo con la UE es exactamente el tipo de señal que puede mejorar las perspectivas: más inversión extranjera directa, más exportaciones y mayor diversificación de mercados son los factores que la calificadora identificó como necesarios para revertir el cambio de perspectiva.
Lo que falta para que el acuerdo entre en vigor
La firma del viernes no significa que el acuerdo empiece a operar de inmediato. La parte comercial del acuerdo puede entrar en vigor entre finales de 2026 y principios de 2027, una vez que el Parlamento Europeo y el Senado mexicano concluyan el proceso de aprobación. Hay dos pistas paralelas: el Acuerdo Comercial Provisional, que cubre la parte de comercio e inversión y puede entrar en vigor de forma más rápida con solo la aprobación del Parlamento Europeo, y el Acuerdo Global Modernizado completo, que incluye capítulos políticos y de cooperación y requiere la ratificación de los parlamentos de los 27 países miembros además del Senado mexicano. Ese proceso puede tomar años. Pero los exportadores mexicanos no necesitan esperar la ratificación completa para planear: la firma del viernes da certeza jurídica sobre las reglas del juego, lo que ya es suficiente para que las empresas empiecen a invertir en capacidad exportadora hacia Europa. La meta de la Secretaría de Economía es incrementar en 50% las exportaciones mexicanas a la UE hacia 2030, al pasar de 23,800 millones de dólares anuales a 36,100 millones, con foco en 12 productos prioritarios y otros 17 con potencial de crecimiento en los mercados europeos.