En los últimos días se confirmó que la inflación acumulada en México ha rebasado más del 10 % desde la última actualización de las tablas del Impuesto Sobre la Renta (ISR), activando automáticamente un ajuste legal que modifica cuánto pagarán millones de contribuyentes a partir del 1 de enero de 2026.
Según datos oficiales, la inflación acumulada alcanzó 13.21 %, lo cual obliga a actualizar los límites de ingresos que determinan las tasas y rangos del ISR conforme al artículo 152 de la Ley del ISR.
Los especialistas explican que esta actualización no es un beneficio discrecional, sino un mecanismo automático diseñado para que la tributación no castigue más a los trabajadores cuando el peso pierde valor frente a los precios. Con estas modificaciones, quienes ganan cerca del salario mínimo podrían pagar menos impuesto o quedar exentos, mientras que otros con ingresos ligeramente superiores verán ajustes en su retención mensual.
La inflación acumulada en México no es solo una estadística incómoda cuando sobrepasa el 10 %: indica de manera evidente que la economía ha llegado a un estado de fricción. Ese umbral indica un momento en el que, si los precios suben más allá de él, las empresas y los hogares ya no pueden gestionarlo; a partir de ahí, se empiezan a modificar las decisiones sobre ahorro, inversión y consumo. En la práctica, el dinero se devalúa demasiado rápido y el sistema económico tiene que adaptarse, lo que casi siempre conlleva costos sociales importantes.
¿Cuál es el verdadero significado de sobrepasar el 10 % de inflación?
Una inflación del 2 o del 3 % tiende a ser asimilada sin causar mucho revuelo. Sin embargo, cuando el aumento acumulado excede el 10% en poco tiempo, las consecuencias se hacen palpables: los precios de los alimentos y servicios básicos aumentan rápidamente, el salario real disminuye y el crédito se encarece. En ese escenario, el Banco de México, normalmente responde endureciendo la política monetaria y aumentando las tasas de interés para limitar la demanda y prevenir que la situación se descontrole.
Una desaceleración económica es el efecto inmediato. El crecimiento se debilita, las compañías retrasan inversiones y el consumo se enfría. La inflación alta afecta más a los hogares con ingresos bajos, ya que una parte mayor de su gasto va dirigida a bienes cuyo precio aumenta rápidamente, como el transporte y la comida.
Transformaciones estructurales que causa en la economía
La economía se ajusta de formas poco saludables cuando el país experimenta inflaciones de dos dígitos durante periodos prolongados, ya sean meses o años. Con frecuencia se producen modificaciones de precios, renegociaciones salariales más tensas y una indexación más alta de contratos, lo cual puede hacer que la inflación sea más persistente. La confianza también se deteriora: ahorrar en pesos es menos interesante y la búsqueda de refugio en dólares, bienes duraderos o activos reales se intensifica.

En estas situaciones, la capacidad de maniobra del gobierno se ve disminuida. Si aumentan las tasas, el gasto público experimenta presiones, los subsidios se vuelven más costosos y la deuda puede incrementarse. Por lo tanto, controlar la inflación no es únicamente un objetivo técnico, sino también un requisito para una economía y una política estables.
Los períodos en los que México ha rebasado el 10%
La historia reciente revela que la inflación de dos dígitos no es un fenómeno nuevo, aunque sí está ocurriendo con menor frecuencia. Durante la crisis de la deuda externa, en los años ochenta, se vivió el caso más extremo. La inflación no solo sobrepasó el 10 % durante la administración de Miguel de la Madrid, sino que incluso llegó a rebasar el 100 % en ciertos períodos. Esa época estuvo caracterizada por controles de precios, devaluaciones y una disminución drástica del poder adquisitivo.
Un segundo acontecimiento crucial tuvo lugar en la mitad de la década de 1990, después de la crisis del peso que sucedió entre 1994 y 1995. En el inicio del sexenio de Ernesto Zedillo, la inflación superó nuevamente el 50 %. La economía entró en recesión; sin embargo, después de ese golpe se estableció un nuevo marco macroeconómico: control inflacionario con un objetivo claro, autonomía del banco central y disciplina fiscal.
En un contexto muy diferente, entre 2021 y 2022, México sobrepasó el umbral del 10 % nuevamente. No fue una crisis interna, sino un cúmulo de golpes a nivel mundial: dificultades en las cadenas de suministro después de la pandemia, aumento del precio de alimentos y energéticos, y presiones inflacionarias importadas. A pesar de que el nivel fue mucho más bajo que en los ochenta o noventa, se sintió un gran impacto en la economía y se vio obligada a responder rápidamente con medidas monetarias.
Una señal de alerta que no debe ser normalizada
La historia demuestra que en México, cuando la inflación acumulada se eleva por encima del 10 %, algo se tensa o se quiebra en la economía. En ocasiones es una crisis financiera, en otras un choque externo; sin embargo, el resultado tiende a ser siempre igual: disminución del poder adquisitivo y necesidad de ajustes fiscales y en el consumo. No obstante, aún con eso, cruzar ese límite sigue siendo un aviso serio: la estabilidad de precios no es un lujo técnico, sino una condición fundamental para el crecimiento y la prosperidad social.