El 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer, se ha convertido en una fecha que no solo visibiliza demandas sociales, se ha convertido en una oportunidad para visibilizar el impacto económico de las mujeres en las economías de los países. En México ha crecido la participación de las mujeres en la actividad productiva en los últimos años, impulsando sectores clave como el comercio, los servicios, el emprendimiento y la tecnología.
En 2026, las mujeres representan una fuerza cada vez más importante dentro de la economía mexicana, ya sea como trabajadoras, emprendedoras o líderes empresariales. Sin embargo, ese crecimiento todavía comparte su espacio con brechas estructurales en salarios, acceso a financiamiento y presencia en puestos directivos.
Una fuerza de trabajo cada vez más visible
La participación femenina en el mercado laboral mexicano ha ido creciendo durante los últimos diez años. Hoy día unas 45% de las mujeres en edad laboral participan en la actividad económica, cifra que ha ido creciendo con el tiempo pero que todavía sigue por debajo de la participación masculina.
Este crecimiento se debe a varios factores, entre ellos la expansión del sector servicios, el desarrollo de la economía digital y la mayor entrada de mujeres con estudios superiores al mercado laboral.
Los sectores donde más fuerte es la presencia femenina son:
• Negocios y ventas
• Servicios de profesionales
• Salud y educación
• Turismo y hostelería
• Negocios digitales
El auge del trabajo remoto y de las plataformas digitales ha abierto más oportunidades para que más mujeres ingresen a la economía formal.
Crecimiento del emprendimiento femenino
En México el emprendimiento ha sido uno de los principales caminos para que muchas mujeres se inserten en la economía. Se calcula que más de un tercio de las empresas del país son dirigidas por mujeres, sobre todo en las pequeñas y medianas empresas.
El desarrollo del comercio electrónico y de herramientas digitales ha reducido algunas barreras para iniciar un negocio, permitiendo que más mujeres creen empresas propias en sectores como:
• Comercio electrónico
• Servicios profesionales
• Industrias creativas
• Tecnología y desarrollo digital
• Alimentos y hospitalidad
Este crecimiento del emprendimiento femenino también ha comenzado a atraer la atención de inversionistas y organismos internacionales interesados en impulsar la inclusión financiera.
Brechas económicas que aún persisten
A pesar del progreso, las desigualdades estructurales siguen siendo significativas. Las diferencias se observan principalmente en salarios, acceso al empleo, financiamiento y liderazgo empresarial.
Uno de los indicadores más visibles es la brecha salarial. Diversos estudios estiman que las mujeres ganan en promedio alrededor de 20% menos que los hombres en el mercado laboral. En términos prácticos, por cada 100 pesos que recibe un hombre, una mujer suele percibir cerca de 80. Cuando se consideran ingresos totales y oportunidades laborales, algunos análisis señalan que la diferencia puede alcanzar hasta 34%.
Esta brecha no se explica únicamente por el salario por el mismo trabajo, sino también por factores como interrupciones laborales, menor acceso a puestos directivos y la concentración femenina en sectores con menores ingresos.
Menor participación laboral
Otra diferencia importante se observa en la participación laboral. Mientras que alrededor del 46-47% de las mujeres en edad de trabajar forman parte de la actividad económica, la participación masculina supera el 75%. Este nivel también se mantiene por debajo del promedio de los países de la OCDE, donde la participación femenina supera el 65%. Entre las principales razones de esta diferencia destaca el trabajo de cuidados: aproximadamente 63% de las mujeres que no trabajan señalan responsabilidades domésticas o familiares como la causa principal.
Barreras en liderazgo empresarial y financiamiento
Las desigualdades también se reflejan en el liderazgo empresarial. En América Latina y México, aunque la participación femenina en puestos ejecutivos ha aumentado gradualmente, las mujeres todavía ocupan una proporción menor de asientos en consejos de administración y alta dirección.
A nivel global, solo cerca del 7% de los directores ejecutivos de grandes empresas son mujeres, y el acceso al financiamiento para emprendimientos femeninos sigue siendo menor. Reducir estas brechas no solo tiene implicaciones sociales, sino también económicas, ya que una mayor participación de las mujeres en la economía puede impulsar la productividad, la innovación y el crecimiento económico.
Acceso limitado a financiamiento
Otro reto importante es el acceso a capital para emprendimientos liderados por mujeres. Diversos estudios internacionales muestran que las empresas fundadas por mujeres reciben una proporción significativamente menor del capital de riesgo disponible. Esto limita el crecimiento de muchos negocios liderados por mujeres, especialmente en sectores tecnológicos o de innovación.
En México, esta situación también se relaciona con la menor inclusión financiera femenina, ya que las mujeres suelen tener menor acceso a productos financieros como seguros, inversiones o planes de retiro.
Mujeres en sectores estratégicos
En los últimos años ha aumentado la participación femenina en áreas tradicionalmente dominadas por hombres, especialmente en carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas).
Estos sectores están vinculados directamente con el futuro económico del país e incluyen industrias como:
• tecnología digital
• energías renovables
• innovación científica
• manufactura avanzada
La presencia femenina en estas áreas no solo amplía oportunidades laborales, sino que también fortalece la capacidad innovadora del país.
El impacto de las mujeres, debate que no termina en el 8M
El Día Internacional de la Mujer sirve como un recordatorio necesario, pero la conversación que importa es la economía. No se trata solamente de una fecha en el calendario, sino de una ocasión para analizar dónde están paradas las mujeres hoy, cuál es papel de las mujeres en la economía mexicana y cuáles son los obstáculos que aún frenan su desarrollo profesional.
En un mercado totalmente dependiente de la novedad y el talento no aprovechar la capacidad de las mujeres es un error estratégico. Para México, lograr la plena incorporación de esta fuerza productiva no sólo es una cuestión de justicia social. Es la pieza clave para que el desarrollo económico del país pueda verdaderamente despegar en los próximos años.