Se revisará el T-MEC en enero.

La revisión importa porque no es simbólico: el T-MEC caduca en 2036 salvo que los tres países confirmen su continuidad
Se revisará el T-MEC en enero.

La revisión sexenal del T-MEC/USMCA entra a una fase decisiva en enero de 2026, cuando comenzarán conversaciones formales a nivel trilateral (México-EE. UU.-Canadá), con la mirada puesta en la fecha límite de la revisión conjunta en la Comisión de Libre Comercio el 1 de julio de 2026. En Canadá, la oficina del primer ministro informó que el arranque formal con EE. UU. será a mediados de enero; en México, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, también ha dicho que el proceso iniciará en enero y que se busca cerrarlo antes del 1 de julio de 2026. 

El mecanismo importa porque no es simbólico: el T-MEC caduca en 2036 salvo que los tres países confirmen su continuidad, que podría extenderse por otros 16 años. Si en 2026 no hay consenso para extender, el tratado no muere de inmediato, pero se activa una revisión anual hasta que haya acuerdo o llegue 2036. 

El escenario real: qué pasa en EE. UU. antes de sentarse con México y Canadá

En EE. UU. hay un proceso doméstico que alimenta la postura negociadora. Un hito clave es el reporte de USTR al Congreso (reporte que genera la oficina encargada de diseñar y hacer cumplir la política comercial de EE. UU.) a más tardar el 3 de enero de 2026, después de audiencias públicas y recepción de comentarios. 

Qué se revisará y qué puede terminar siendo renegociación.

En papel, la revisión del Art. 34.7 es una evaluación del funcionamiento del acuerdo y, al final, la decisión política de extenderlo. En la práctica, los gobiernos suelen llegar con una lista de “pendientes” para endurecer cumplimiento, ajustar interpretación de reglas y, si se abre la puerta, proponer cambios vía enmiendas. Analistas y centros de política pública han advertido que el punto fino será distinguir entre:

  • Revisión + enforcement: Apretar cumplimiento con los capítulos existentes.
  • Renegociación: Reabrir capítulos, cambiar obligaciones y volver a pasar por procesos legislativos.

Lo que no ha funcionado tan bien: los “focos rojos” para EE. UU. y para México

1) Energía (México bajo presión):
EE. UU. y Canadá han cuestionado que la política energética mexicana favorezca a empresas estatales (CFE/Pemex) y afecte condiciones de competencia e inversión. Es uno de los expedientes que se mantiene como tema estructural rumbo a 2026. 

2) Maíz transgénico (fricción agroindustrial):
Un panel del T-MEC concluyó en diciembre de 2024 que restricciones previas de México al maíz transgénico violaban el acuerdo; después, en 2025, avanzó una reforma para prohibir la siembra de este alimento, lo que reaviva la tensión política y el riesgo de represalias si se interpreta como obstáculo más amplio. Para EE. UU. es sensible porque México es su mayor mercado de exportación de maíz; USTR reportó exportaciones de maíz a México por US$4.8 mil millones (ene-oct 2024). 

3) Acceso a mercados e “irritantes” con Canadá (dairy, alcohol, digital):
Canadá llega con presión interna por sectores expuestos a aranceles y con temas pendientes; desde EE. UU. se han señalado políticas canadienses en lácteos, alcohol y servicios digitales como puntos a discutir en la revisión.

4) Reglas automotrices y contenido regional:
Aunque el T-MEC consolidó reglas más estrictas en cuanto a contenido regional y laboral para el sector, el gran tema hacia 2026 es si se buscará mayor “regionalización” de insumos críticos (baterías, componentes, semiconductores) y una aplicación más dura de reglas, con efectos directos sobre costos y localización de plantas. Este debate aparece de forma recurrente en análisis sobre la revisión 2026 y en audiencias en EE. UU.

¿Qué está en juego a nivel geopolítico e industrial?

El T-MEC ya no es solo comercio; es la plataforma industrial con la que Norteamérica compite contra shocks geopolíticos y la rivalidad tecnológica con China.

  • Tamaño y dependencia real: EE. UU. estimó su comercio total de bienes con México en ~US$839.6 mil millones en 2024. México y Canadá son, además, los principales socios comerciales de EE. UU.
  • Cadenas críticas (nearshoring): la tensión EE. UU.-China y controles sobre insumos estratégicos elevan el valor geopolítico de integrar la región; por eso la revisión 2026 suele leerse como “prueba de estrés” del nearshoring hacia México.
  • Minerales críticos y manufactura avanzada: el pulso global por minerales y componentes (baterías, imanes, chips) está empujando a gobiernos a exigir trazabilidad, origen y seguridad de suministro; eso puede traducirse en presión para reglas más estrictas y vigilancia más intensa.

¿Por qué debería importarte como inversionista?

Para el inversionista, la revisión 2026 es un evento binario de “titulares”, pero sobre todo un riesgo de régimen: define si Norteamérica mantiene un horizonte claro de inversión o si vuelve la prima de incertidumbre.

  • Riesgo arancelario y de cumplimiento: Si la revisión se contamina de política interna, crece la probabilidad de amenazas arancelarias o medidas espejo; que aunque no estén “dentro” del T-MEC, sí pueden afectar valuaciones por expectativas.
  • Sectores más sensibles en México: Automotriz/autopartes, electrónicos, aeroespacial, agroexportación, energía e infraestructura logística: son los más expuestos a cambios en reglas de origen, disputas sanitarias o presión por cumplimiento.
  • Volatilidad en divisas, tasas y prima país: la certidumbre del T-MEC funciona como “ancla” para flujos; si se percibe riesgo de renegociación dura, suele subir la volatilidad en tipo de cambio y spreads, afectando costo de capital. No es teoría: el propio diseño de la cláusula 34.7 existe para forzar decisiones periódicas que el mercado descuenta.