Seahawks rumbo al Super Bowl LX: el equipo que aprendió a ganar con cicatrices

Seahawks llegan al Super Bowl LX ante Patriots: cómo Seattle convirtió la adversidad en identidad, con defensa clave y Darnold en modo líder.
Seahawks, Super Bowl LX

Seattle no llega al Super Bowl por “buena vibra”. Llega porque aprendió a sobrevivir a la incomodidad: a los cambios de era, a las dudas externas y —sobre todo— a sus propios fantasmas. Y sí: este 2026 los Seahawks están de regreso en el juego grande, con boleto confirmado al Super Bowl LX ante los New England Patriots.

Lo importante aquí es que no es una historia de “milagro”, es una historia de método… con cicatrices.

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Lo confirmado: Seahawks y Patriots, cara a cara en el Super Bowl LX

Seattle selló su pase con una victoria de esas que dejan el pulso arriba: 31–27 sobre Los Angeles Rams en el duelo por el título de la NFC.
Del otro lado, New England sobrevivió un partido cerrado y climático: 10–7 a Denver en la final de la AFC, con Drake Maye anotando el único TD de su equipo en una jugada terrestre.

Si me preguntas, lo más revelador no es el marcador: es el estilo. Ambos llegaron con “cara de pocas palabras”, como diciendo: no venimos a gustarte, venimos a ganar.

La adversidad como combustible: el caso Darnold (y el descaro de no rendirse)

La NFL es experta en etiquetar quarterbacks: “fracaso”, “proyecto”, “backup”, “ya fue”. Y en esa trituradora entró Sam Darnold hace años. Pero esta semana Seattle lo llevó de la mano a una conclusión incómoda para los que aman burlarse: sí puede ganar el grande.

En la final de la NFC, Darnold lanzó tres touchdowns y Seattle cerró con una defensiva que se guardó la jugada más importante para el momento exacto: un alto en cuarta oportunidad que sostuvo el pase al Super Bowl.

A mí esto me suena a una idea muy específica: cuando un equipo cree en su QB, el juego se ve distinto. No perfecto. Distinto. Más valiente.

Mike Macdonald y la “Dark Side”: cuando tu defensiva te salva el cuello

Seattle no solo llegó por ofensiva. Llegó porque su identidad está sostenida por una defensiva que aparece cuando el aire falta. En el relato posterior al campeonato, el propio equipo habló del peso de ese stop decisivo y de cómo se construyó el momento.

Y ojo con esto: una defensiva así no es “rachita”. Es cultura. No siempre se ve bonita en highlights, pero en enero y febrero eso paga renta… y te compra anillo.

La historia pesa: del Super Bowl XL al “no otra vez” contra Patriots

Aquí entra el detalle que cambia todo el sabor de la narrativa:

  • Super Bowl XL (temporada 2005): fue la primera vez que Seattle se sentó en esa mesa… y perdió 21–10 ante Steelers.
  • Super Bowl XLIX (2015): el final más citado (y más cruel) en la memoria moderna de la franquicia, precisamente contra Patriots.

Y aunque el Super Bowl LX no “repara” el pasado, sí lo pone en perspectiva. Porque el punto no es vivir de la herida; el punto es demostrar que aprendiste.

Si te late lo simbólico: Seattle es el equipo que ha sido campeón, que ha sido villano, que ha sido meme… y aun así vuelve.

Por qué esta versión de Seattle sí puede poner su nombre “en letras de oro”

Lo digo con ironía cariñosa: a la NFL le encanta vender destinos, pero los equipos grandes se fabrican con cosas nada glamorosas.

1) Llegaron con pruebas reales, no con humo

Seattle no “apareció” en playoffs: se ganó el pase superando un campeonato de conferencia en un juego apretado.

2) No dependen de una sola estrella

Cuando un equipo puede ganar por aire, por tierra y por defensa (según el día), se vuelve difícil de “descifrar” en una sola semana.

3) Tienen narrativa… pero también tienen estructura

El Super Bowl se gana con ejecución, no con frases bonitas. Y Seattle llega con una historia potente, sí, pero sobre todo con un equipo que ya probó que sabe cerrar partidos.

qué vigilar rumbo al Super Bowl LX

De aquí al 8 de febrero, yo traería el radar prendido en tres cosas:

  • ¿Qué versión de Darnold aparece? La agresiva y segura que vimos en la NFC, o la que se tensa si el juego se atasca.
  • La batalla de trincheras: si Seattle manda con su defensa, el partido se juega a su ritmo.
  • El factor “revancha”: suena romántico, pero puede ser veneno si te consume. La clave es simple: jugar el presente, no el trauma.

Seattle ya hizo lo difícil: llegar. Ahora falta lo más cruel: ganar cuando todo el mundo te está mirando.