El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, utilizó su discurso del Estado de la Unión para enviar un mensaje directo: su administración apuesta por una política migratoria más estricta, una estrategia comercial agresiva y un fortalecimiento del aparato productivo nacional. Pero esta vez no solo habló en términos políticos; también respaldó su narrativa con cifras concretas y comparaciones que buscan demostrar resultados.
Durante más de una hora, Trump combinó datos económicos, estadísticas migratorias y advertencias geopolíticas en un mensaje que, más que protocolario, sonó a plataforma de gobierno.
Migración: números, muro y reformas pendientes
La frontera volvió a ser el punto más sensible del discurso. Trump afirmó que los cruces irregulares han disminuido frente a picos anteriores y defendió el endurecimiento de las políticas de asilo. Aunque no detalló una cifra exacta en ese momento, su administración ha sostenido que los encuentros en la frontera sur se redujeron de máximos superiores a los 2 millones anuales en años recientes a niveles considerablemente más bajos tras nuevas medidas ejecutivas.
“El país necesita leyes que realmente funcionen”, dijo el mandatario ante el Congreso, al tiempo que presionó para cerrar lo que calificó como “vacíos legales” en el sistema migratorio.
También insistió en que la construcción y refuerzo de barreras físicas en la frontera han sido herramientas clave para contener el flujo irregular y el tráfico de fentanilo, una crisis que, según datos oficiales, ha provocado decenas de miles de muertes por sobredosis al año en Estados Unidos.
Economía: crecimiento, empleo y producción nacional
En materia económica, Trump defendió el desempeño del mercado laboral y la fortaleza del crecimiento. Recordó que Estados Unidos mantiene una de las tasas de desempleo más bajas en décadas, en torno al 4 % en los últimos registros, y subrayó que su prioridad es consolidar la manufactura local.
“El empleo estadounidense debe ser para los trabajadores estadounidenses”, afirmó, en una frase que arrancó aplausos de su bancada.
También defendió su política arancelaria. Argumentó que los gravámenes han sido una herramienta para proteger industrias estratégicas y reducir el déficit comercial con países como China. En años recientes, el intercambio bilateral con el gigante asiático ha superado los 500 mil millones de dólares anuales, una cifra que, según el presidente, refleja la magnitud del desequilibrio que busca corregir.
Trump aseguró que nuevas inversiones industriales y fiscales fortalecerán sectores como el acero, la tecnología y la energía, áreas que considera fundamentales para la seguridad económica del país.
China: comercio y seguridad nacional
El tono más firme llegó al hablar de China. Trump acusó a Pekín de prácticas comerciales desleales y reiteró que su administración no dudará en mantener o imponer aranceles adicionales si considera que los intereses estadounidenses están en juego.
“Ya no permitiremos que otros países se aprovechen de nosotros”, dijo ante el pleno.
Más allá del comercio, el mandatario vinculó el tema con la seguridad nacional, mencionando industrias clave como semiconductores y energía. El mensaje fue claro: reducir la dependencia de cadenas de suministro extranjeras es, en su visión, una prioridad estratégica.
Defensa y liderazgo global
En política exterior, Trump defendió el fortalecimiento del presupuesto de defensa y sostuvo que Estados Unidos debe mantener su liderazgo global. El gasto militar estadounidense supera los 800 mil millones de dólares anuales, una cifra que el presidente considera necesaria para garantizar estabilidad y disuasión.
Subrayó que su estrategia combina presión económica con firmeza diplomática, buscando evitar conflictos prolongados, pero sin ceder en negociaciones clave.