Después de casi dos años de asfixia financiera, el mercado hipotecario de Estados Unidos empieza a mostrar señales de alivio. Las tasas de interés para créditos a 30 años, que durante buena parte de 2024 y 2025 se movieron peligrosamente cerca, y en algunos momentos por encima del 7 %, finalmente retrocedieron a la zona del 6 %. Puede parecer un cambio menor, pero para millones de familias marca una diferencia enorme entre poder comprar una casa o seguir esperando al margen.
El giro llega en un momento delicado. La vivienda se había convertido en uno de los principales frenos del consumo: precios altos, financiamiento caro y pocas opciones disponibles. La moderación de las tasas no soluciona todos esos problemas, pero sí devuelve algo que el mercado había perdido: movimiento.
El trasfondo económico que explica la baja
El cambio no ocurrió de la nada. Durante 2025, la inflación comenzó a ceder de forma más clara y se acercó nuevamente a niveles compatibles con la estabilidad de precios. En ese contexto, la Reserva Federal inició un ajuste gradual de su política monetaria, llevando su tasa de referencia a un rango cercano al 3.5 %–3.75 %.
Aunque la Fed no fija directamente las tasas hipotecarias, sus decisiones influyen de manera decisiva en el mercado de bonos, que es donde se determinan los costos reales del crédito a largo plazo. A ese movimiento se sumó una mayor intervención de agencias como Fannie Mae y Freddie Mac, que reforzaron la compra de bonos respaldados por hipotecas para evitar que los costos del financiamiento se dispararan nuevamente.
¿Qué cambia en la vida diaria de las familias?
Para los hogares, la diferencia es muy concreta. Una hipoteca de 300 mil dólares con una tasa cercana al 6 % implica pagos mensuales sensiblemente más bajos que con tasas del 7 %. A lo largo de 30 años, el ahorro en intereses puede sumar decenas de miles de dólares. No es un detalle técnico: es la diferencia entre llegar con lo justo o tener un poco de aire al final del mes.
Este alivio también amplía el universo de compradores potenciales. Muchas personas que habían quedado fuera del mercado por falta de capacidad de pago empiezan a reconsiderar la compra de vivienda. Y cuando eso ocurre, el impacto se extiende más allá del sector inmobiliario, porque libera ingresos que vuelven al consumo y a la economía real.
Un mercado inmobiliario que empieza a despertar
Con tasas más bajas, el mercado comenzó lentamente a reactivarse. Aumentaron las consultas, las solicitudes de crédito y también el interés por refinanciar hipotecas existentes. Después de meses de parálisis, la rueda vuelve a girar.
Sin embargo, el entusiasmo tiene límites. La oferta de viviendas sigue siendo reducida en muchas ciudades y regiones, lo que plantea un riesgo claro: si la demanda crece más rápido que la construcción, los precios podrían volver a tensionarse. El desafío no es solo abaratar el crédito, sino lograr que haya suficientes casas para evitar un nuevo desequilibrio.
Impacto directo en los mercados financieros
Para los mercados, la moderación de las tasas hipotecarias refuerza la idea de que la etapa más dura del ajuste financiero quedó atrás. Los bonos ganaron atractivo, los rendimientos bajaron y el crédito empezó a verse nuevamente como una palanca de crecimiento, no como un obstáculo.
Al mismo tiempo, los bancos enfrentan un escenario más ajustado. Con tasas más bajas, los márgenes se reducen y eso puede traducirse en criterios más estrictos para otorgar préstamos. El dinero es más barato, sí, pero no necesariamente más accesible para todos, especialmente para quienes tienen perfiles de mayor riesgo.
El delicado equilibrio para la política económica
Desde el punto de vista de la política monetaria, el escenario es tan prometedor como complejo. Tasas hipotecarias más bajas ayudan al crecimiento y alivian a los hogares, pero también pueden reavivar presiones inflacionarias si la demanda se acelera demasiado rápido.
La Fed camina, otra vez, por una cuerda floja. Necesita sostener la recuperación sin alimentar excesos que más adelante obliguen a correcciones dolorosas. El recuerdo de crisis pasadas sigue presente y nadie quiere repetir errores conocidos.