Trump nomina a Kevin Warsh como sucesor de Powell en la Fed

En Washington esto no se lee como un simple cambio de nombre: la Fed define el precio del dinero en la economía más grande del mundo
Trump nomina a Kevin Warsh como director de la FED

El pasado viernes 30 de enero de 2026, Donald Trump dijo que nominará a Kevin Warsh como próximo presidente de la Reserva Federal para relevar a Jerome Powell cuando venza su mandato, en mayo.

En Washington esto no se lee como un simple cambio de nombre: la Fed define el precio del dinero en la economía más grande del mundo y, con eso, influye en hipotecas, crédito corporativo, valuaciones bursátiles, tipo de cambio y apetito por riesgo en todo el planeta. Y por eso el mercado reaccionó de inmediato, incluso antes de que exista confirmación del Senado.

¿Quién es Kevin Warsh y qué trae a la mesa?

Warsh no es un “outsider” que llega a aprender sobre la marcha. Fue gobernador de la Reserva Federal entre 2006 y 2011, es decir: estuvo sentado en la mesa durante la crisis financiera de 2008 y los primeros años de la gran resaca.

Su perfil mezcla dos mundos que rara vez se llevan bien: Wall Street y la política económica. Antes de la Fed, trabajó en Morgan Stanley y también pasó por la Casa Blanca como asesor económico. Hoy está ligado al ámbito académico (Hoover Institution/Stanford) y conserva reputación de “halcón” en el lenguaje de la Fed: alguien que históricamente se inclina por tasas más altas si ve riesgos inflacionarios.

Lo interesante es que el propio contexto lo ha empujado a matizar: en años recientes, Warsh ha dado señales públicas de estar abierto a tasas más bajas, algo que encaja con la presión de Trump para recortar (el presidente llegó a decir que la tasa “debería” estar cerca de 1%, muy por debajo del nivel actual, alrededor de 3.6%).

La reacción de los mercados, con números en la mano

La primera lectura del mercado fue “mixta, pero nerviosa”: acciones ligeramente a la baja, dólar más fuerte, rendimientos de bonos subiendo y un golpe fuerte a los metales preciosos.

En la apertura en EE. UU., el Dow bajó 0.23%, el S&P 500 cayó 0.20% y el Nasdaq perdió 0.22%. En divisas, el índice dólar (DXY) subió 0.57% a 96.73, con el euro retrocediendo a 1.1904 dólares.

En renta fija, el rendimiento del Treasury a 10 años subió 2 puntos base hasta 4.247%, una señal clara de que el mercado empezó a aceptar condiciones financieras un poco más “duras”, sobre todo en el tramo largo.

Y donde se notó el cambio de ánimo con más drama fue en el “trade refugio”: el oro llegó a caer con fuerza; se reportó el spot bajando 6.43% a 5,046.49 dólares la onza, después de haber tocado récord cercano a 5,600 el jueves. Barron’s también registró un desplome fuerte en oro y plata tras el anuncio, con la plata particularmente volátil.

Qué podemos esperar: la clave no es solo la tasa, es el balance

Aquí hay un matiz que el mercado ya está olfateando: aun si Warsh termina respaldando recortes de tasa (para alinearse con la Casa Blanca o por lectura macro), podría exigir algo a cambio: una Fed con un balance más pequeño y menos disposición a “aplastar” los rendimientos largos mediante compras de activos. Eso, por definición, tiende a empinar la curva y a encarecer el financiamiento a largo plazo.

Reuters lo resume como el gran dilema: “tasas quizá más bajas” versus “menos red de liquidez” (QT más agresivo o, al menos, menos tolerancia a un balance inflado). Y es exactamente ese cóctel el que explica por qué suben los rendimientos largos mientras el mercado aún no abandona del todo la idea de recortes más adelante.

El factor político: independencia, Senado y volatilidad extra

El último ingrediente, y probablemente el más delicad,  es la independencia. El nombramiento llega después de meses en los que la autonomía de la Fed estuvo bajo la lupa, y el proceso todavía debe pasar por un Senado dividido, con riesgo de que la confirmación se vuelva una batalla política.

Por eso, más que pensar “Warsh = recortes” o “Warsh = halcón”, lo más realista hoy es esperar un periodo de volatilidad: el mercado va a reprecificar cada frase, cada audiencia en el Senado y cada señal sobre cuánto pesará la Casa Blanca en la toma de decisiones. Y, mientras esa novela se escribe, el dólar y los rendimientos largos probablemente seguirán siendo el termómetro más sensible.