La guerra está a días de terminar. Y lo que venga después también importa.

El alto al fuego vence el 22 de abril y, según parece, hay "acuerdo en principio" para extenderlo.
La guerra entre EE.UU e Irán está por terminar

Trump dijo ayer algo que no había dicho en toda la guerra con tanta claridad: que podría viajar personalmente a Islamabad para firmar un acuerdo de paz. Irán confirmó que los mensajes con EU continúan. Pakistán confirmó que gestiona una segunda ronda de negociaciones, aunque sin fecha definida. Israel y Hezbollah acordaron un cese de hostilidades en Líbano, removiendo uno de los principales obstáculos iraníes para negociar. El alto al fuego vence el 22 de abril y, según AP, hay “acuerdo en principio” para extenderlo. El Brent cotiza en 95 dólares, su nivel más bajo desde antes del bloqueo naval. El S&P 500 cerró en 7,000 puntos ayer. Los mercados ya están apostando al acuerdo con dinero real.

¿Por qué esta vez parece diferente?

El análisis de CNN que circuló esta semana captura bien por qué la segunda ronda tiene más probabilidades de éxito que la primera. En Islamabad, la brecha nuclear era de 15 años entre ambas posturas. Esa brecha es matemáticamente cerrable, y ahora Irán señaló estar dispuesto a discutir “plazos” en lugar de defender una posición absoluta. Más importante: ambas partes tienen urgencia económica real. Trump enfrenta gasolina a 4 dólares por galón, inflación en 3.3% y un consumidor americano que empieza a notar el costo de la guerra. Irán tiene un bloqueo naval que asfixia sus exportaciones y la Compañía Nacional Petroquímica ya suspendió sus exportaciones “hasta nuevo aviso” para abastecer el mercado interno. Cuando ambas partes necesitan el acuerdo, el acuerdo se da.

Lo que cambia después de la paz

Aquí viene el punto que los titulares no están cubriendo bien: un acuerdo de paz no significa el regreso inmediato a los precios de febrero. La IATA advirtió que, aunque Ormuz reabriera mañana mismo, la industria de aviación necesitaría “varios meses” para recuperar niveles normales de suministro de combustible de aviación. La infraestructura de refinación en Medio Oriente quedó dañada por los bombardeos y tarda meses en recuperarse. Los contratos de seguro marítimo que subieron entre 300% y 500% durante la crisis no bajan el mismo día que se firma la paz: las aseguradoras necesitan meses de datos de riesgo normal para reducir sus primas. Los inventarios de petróleo físico que se agotaron durante el bloqueo tardan semanas en reponerse. JPMorgan advirtió que el último barril que salió de Ormuz antes del cierre llegará a su destino alrededor del 20 de abril: a partir de ahí, el mercado físico opera sin existencias anteriores al conflicto. Eso explica por qué el Brent “con entrega inmediata” cotizó esta semana en 117 dólares, con un diferencial de 22 dólares sobre el contrato de futuros a junio. La escasez física es real, aunque las expectativas de paz ya empujan el precio a largo plazo hacia abajo.

El costo para México y qué sigue

Para México, la guerra dejará una huella en tres variables que tardarán meses en normalizarse. La inflación, que llegó a 4.59% en marzo, probablemente llegue a 4.5 a 5% en abril antes de empezar a ceder. Banxico no recortará tasas en mayo si los datos no mejoran. Y el subsidio al diésel, que ya le cuesta 15,800 millones de pesos al gobierno en ingresos tributarios no recaudados este año, seguirá siendo necesario por semanas después de cualquier acuerdo. La buena noticia es que si el acuerdo se firma este fin de semana y el petróleo cae a los 80 dólares hacia mayo, el dato de inflación de junio en México podría ser notablemente más bajo. La mala noticia es que la deuda pública creció, la inversión física sigue en su peor nivel desde 1991 y el crecimiento del PIB para 2026 se proyecta entre 1.5 y 1.8%, lejos de lo que necesita el país. La guerra terminará pronto. El trabajo de fondo recién empieza.