Las remesas de abril crecieron 3.7% anual hasta los 4,978 millones de dólares. Ese titular es el que publicó el gobierno. El que publicaron los analistas es diferente: la caída mensual de 9.5% respecto a marzo, de 5,499 a 4,978 millones, fue una de las más pronunciadas para ese periodo desde 2020. El número de transacciones cayó 1.7% anual, situándose en 12.4 millones de envíos, mientras el monto promedio por remesa subió 5.5% hasta los 403 dólares. Menos envíos, más dinero por envío. El patrón del migrante que acumula durante más tiempo antes de mandar porque salir a trabajar implica un riesgo que antes no existía. El primer cuatrimestre del año acumula 19,676 millones de dólares, 2.6% más que en el mismo periodo de 2025, lo que confirma que el flujo anual sigue positivo. Pero la tendencia mensual dice otra cosa.
¿Por qué abril fue especialmente duro?
Banxico y los analistas identifican dos factores que explican la caída de abril. El primero es estacional: Semana Santa reduce los días laborables de los migrantes en EE. UU. y afecta los canales de envío, por lo que abril suele ser un mes más débil que marzo estructuralmente. El segundo es político: las redadas del ICE que se intensificaron desde inicios de 2026 han generado un nivel de cautela entre la comunidad migrante mexicana que va más allá del ciclo estacional. El dato que lo confirma es la comparación con abril de 2024, el último mes antes de que las deportaciones masivas se volvieran cotidianas: en ese mes se registraron 13.4 millones de transacciones. En abril de 2026 fueron 12.4 millones. Un millón de envíos menos en dos años. Esos son un millón de familias que reciben con menos frecuencia, no porque el migrante gane menos, sino porque tiene miedo de ir al trabajo.
Lo que BBVA proyecta para el resto del año
BBVA Research estima que las remesas cerrarán 2026 con un crecimiento cercano al 2% anual, muy por debajo de los ritmos de 8% a 12% que se registraron entre 2020 y 2023. La desaceleración tiene dos motores estructurales que no van a desaparecer pronto: la política migratoria de Trump, que mantiene alta la incertidumbre entre los migrantes, y el efecto base comparativo, ya que 2024 fue un año de remesas muy elevadas que dificultan superaciones importantes. Para México, eso significa que el segundo generador de divisas del país crecerá menos de lo que el gobierno proyectaba a inicios del año. Con las exportaciones en récords históricos y la IED también en máximos, el impacto macroeconómico es manejable. Para los estados más dependientes de remesas, como Michoacán, Oaxaca, Guerrero y Zacatecas, la historia es diferente.