México captó 23,591 millones de dólares en inversión extranjera directa entre enero y marzo de 2026, el monto más alto para un primer trimestre desde que se tiene registro en 1999. Creció 10.4% respecto al mismo periodo de 2025. EE. UU. aportó 10,210 millones, seguido por España con 3,804 millones, Australia con 1,446 millones, Japón con 985 millones y Canadá con 894 millones. Por sectores, los servicios financieros lideraron con 6,851 millones, seguidos por fabricación de vehículos con 4,033 millones y minería con 3,034 millones. La construcción se disparó 96.3% anual hasta 1,456 millones. El titular de Economía, Marcelo Ebrard, celebró el dato y dijo que confirma que los inversionistas internacionales anticipan que México conservará ventajas estratégicas dentro del bloque norteamericano. El secretario tiene razón en el número. Pero el número tiene un matiz que importa.

La reinversión no es lo mismo que la nueva apuesta.
Del total de 23,591 millones de dólares, 22,222 millones corresponden a reinversión de utilidades, es decir, empresas ya instaladas en México que deciden no repatriar sus ganancias sino volver a invertirlas aquí. Solo 1,705 millones son nuevas inversiones de empresas que antes no estaban en el país. Eso no hace al número menos real, pero sí lo hace menos dinámico: la reinversión de utilidades creció 33%, mientras las nuevas inversiones crecieron 7.5%. El IMCO advirtió esta semana que el contraste con la inversión privada nacional muestra señales menos favorables. La encuesta del IPADE señala que solo el 40% de los empresarios mexicanos considera que es buen momento para invertir en el país, frente al 54.4% en el primer semestre de 2024. La inversión extranjera ayuda. No sustituye la confianza interna.
Lo que el récord dice sobre el T-MEC que se negocia ahora
El dato de IED llega en la primera semana de negociaciones formales del T-MEC, y su lectura política es relevante. Si las empresas extranjeras estuvieran preocupadas por la revisión del tratado, no estarían reinvirtiendo utilidades a un ritmo récord. Eso le da a México un argumento de peso en la mesa: el mercado ya votó con su dinero a favor de la continuidad del modelo de integración. El reto es que esa señal positiva se traduzca en poder de negociación real y no solo en un dato para el discurso oficial.